Trabajo en Red y gestión del conocimiento colectivo

No sabemos cuál es la distancia más cercana entre una abeja y Jorge Luis Borges, no obstante podríamos determinar que esa variable tiene una alta probabilidad de representarse en forma de hexágono. A Borges le leímos decir que el universo, al que otros llaman la Biblioteca, se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales. Y en esa biblioteca, que es la vida misma, todo se registra bajo esta figura geométrica.

Las abejas, que en cuestiones de almacenamiento son expertas, construyen sus panales en estructuras hexagonales para almacenar la miel de una manera funcional y eficiente. A diferencia de los círculos que dejan espacios entre ellos cuando se les une, los hexágonos tienen la habilidad de conectarse sin el problema de dejar vacíos entre las juntas, formando un tejido compuesto por celdas que son aprovechadas en todas sus dimensiones como un resguardo para las larvas, y al mismo tiempo, como un centro para la producción de la preciada miel.

Las iniciativas culturales comparten con las melíferas la premisa de valorar el contenido que producen en comunidad. En el caso de las abejas el contenido del panal está relacionado con su alimento, preservación y comunicación, y con la fecundación de otras especies. Para los humanos el contenido es el conocimiento que producen las personas y comunidades, una manera de entenderse y representarse a sí mismos y a los demás (otros humanos, otras especies), hacerse preguntas, construir identidades y buscar posibilidades en el territorio que habitan. Las creaciones artísticas, los procesos de formación, los proyectos comunitarios y las acciones comunicativas, son un material tan valioso que los espacios culturales y comunitarios toman el rol de guardianes y bodegas, recolectores y distribuidores, estrategas y comunicadores del conocimiento.

No obstante, el trabajo en red estimulado por una herramienta como Internet y su incidencia en las dinámicas geopolíticas y económicas actuales ha creado un aumento exponencial en la producción de contenido, proyectos y actividades, a un nivel industrial, dejando como evidencia una dificultad, y al mismo tiempo un reto, y es mejorar la capacidad de sistematizar y retroalimentar los procesos. El uso de la inteligencia colectiva se relaciona con el tiempo que le demos en nuestra cotidianidad al intercambio de saberes. Sin embargo, las últimas décadas nos han demostrado que la tendencia global prioriza la aceleración antes que la reflexión, reduciendo nuestra capacidad para procesar lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo, incrementando la brecha de desigualdad e insostenibilidad de los procesos. El aumento en la cantidad de información no refleja necesariamente un mayor conocimiento.

 

 

La sostenibilidad en los procesos culturales, no se limita al asunto económico. También se relaciona con el desarrollo de capacidades para satisfacer las propuestas de las comunidades de acuerdo a las lecturas que hacen de sus territorios, manteniendo el equilibrio entre los recursos humanos, ambientales y financieros. Es este balance impulsado por la comunidad el que permite que las experiencias que vivimos en los espacios de dinamización cultural se transformen en aprendizajes que pasen por el cuerpo, a través de los sentidos, las conversaciones y las preguntas en colectivo.

Además de la gestión de recursos para hacer realidad las iniciativas culturales, la gestión del conocimiento es un componente esencial porque reconoce en los saberes locales las herramientas para la resiliencia y la construcción de tejido social.

Hablar de creación colaborativa o dinámicas en red no es suficiente cuando las formas de relacionarnos aún corresponden a una topología de redes centralizada de manera total o parcial. Y aunque hoy, gracias al trabajo de gestión y comunicación intercomunitario podemos identificar una tendencia a la descentralización, es importante que esta dinámica de relacionamiento sea también distribuida de manera que:

  • Mejore la transferencia y apropiación del conocimiento
    Preserve la memoria de los proyectos individuales y compartidos
    Evite reprocesos o cambios abruptos en procesos o actividades ya realizadas
    Facilite el intercambio de información e iniciativas
    Promueva acciones de financiamiento y creación colaborativa
    Desarrolle una metodología de trabajo en red autorregulada
    Promueva la circulación libre de las creaciones, facilite la publicación de contenidos e impulse la creación de obras derivadas

La gestión colectiva y comunitaria enfrenta hoy diversos retos relacionados con los procesos de formación, comunicación y sostenibilidad entre colectivos exigiendo una metodología de trabajo en red con mayor acceso, colaboración y retroalimentación. El Encuentro Iberoamericano de Centros Culturales es un espacio para el intercambio y reconocimiento de los aprendizajes comunitarios en temas de organización, gestión de conocimiento, desarrollo de pedagogías, metodologías y contenidos pertinentes con las realidades de nuestras territorios, e invita de manera especial a una reflexión sobre qué significa la sostenibilidad y el trabajo en red en un centro o proyecto cultural en relación a partir de tres temáticas:

Comunidades Activas
Lo popular y lo contemporáneo
Economías Colaborativas

Autor entrada: comunicaCDCM

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