En lo alto alumbra un faro


Derecho a la ciudad

¿Qué sentiría usted si lo desplazan de aquel lugar que lo vio crecer? ¿Qué sentiría si logra reorganizar la vida, luchando contra viento y marea, y el Estado no reconoce su lucha? Estas son preguntas frecuentes para los habitantes del barrio El Faro, ubicado en la comuna 8 de Medellín.

Allí, en lo más alto de la montaña, casas de tablas, zinc, bahareque, prefabricadas y de ladrillo, se mantienen firmes ante el viento o la tempestad  gracias al amor, la dignidad y resistencia de sus habitantes.

A pesar de la contaminación atmosférica que se percibe en la ciudad, en El Faro se respira aire de campo. La vida campesina se insinúa en los cultivos de café, en las huertas y en la solidaridad de los pobladores, en su mayoría oriundos de pueblos antioqueños, y de otras zonas del país, que fueron desplazados por la violencia. El ser humano es muy complejo adecúa sus orígenes donde sea, y mucho más si  es del campo. 

Desde 1996 el barrio inició un proceso de autoconstrucción liderado por sus habitantes. Sin embargo, El Faro es un hijo huérfano pues no es reconocido por el POT (Plan de Ordenamiento Territorial) como parte del perímetro urbano de Medellín. En palabras simples el barrio “no existe”. Figura como área rural de Santa Elena y esta clasificación impide que se puedan realizar diferentes obras de infraestructuras e inversión en esta zona, donde habitan 350 familias.

Por eso en El Faro la autogestión y la unión comunitaria se han convertido en  el medio para crear un hogar en lo alto de la montaña, aspecto que se observa en el mejoramiento de las casas,  en la construcción de vías y en el acueducto comunitario que tiene como fuente de abastecimiento la quebrada La Castro (que aunque suple algunas de las necesidades básicas de acceso no ofrece agua 100% potable). 

En El Faro amparamos nuestro proceso de resistencia en lo que llamamos la dignidad, y el principio de la dignidad es el hábitat”, afirma Oscar Zapata Londoño desplazado de Yarumal y uno de los líderes comunitarios más reconocidos del barrio.

El arte para ser visibles 

La facultad de recordar de los jóvenes que viven en este sector los inspira a transformar el territorio, a reunir a la comunidad a partir del arte. Esta es la búsqueda de la agrupación Elemento Ilegal,  una propuesta social, artística y cultural que cree en el break dance y el hip hop como agente transformador para los jóvenes. Trabajan el graffiti como una manera de expresión hacia el mundo entero, adornan las calles de El Faro con tags, mensajes de dignidad y resistencia. Actualmente lideran  un proyecto de murales para la memoria que visibiliza en las fachadas de las casas personajes y momentos significativos de la conformación del barrio. 

Adelantan además una serie de recorridos guiados para que los ciudadanos reconozcan la existencia del barrio, su historia y su trabajo comunitario. Antony Duque, integrante de Elemento Ilegal desde el año 2012, opina que con los recorridos están aprendiendo a estructurar su discurso y a comprender las responsabilidades que implica el turismo comunitario. “No creo que los recorridos transformen de manera inmediata la realidad del barrio, tal vez tengan un impacto a futuro, pero  sí ayudan a tejer redes, a visibilizar lo que somos. Es mejor tener amigos que plata por eso hilamos mucho, nos conocen en el Popular, en Castilla, en la comuna 8”.

Sus rimas son otra muestra del talento que tienen. Canciones como Gota a gota, Distintamente iguales, expresan lo vivido, lo del diario vivir. La memoria queda, la resistencia fortalece el arte nato de estos chicos, de la comunidad y sus huertas, de la comunidad y el hip hop, de la comunidad y los jóvenes.

 

Óscar dice que desde lo alto Medellín se ve como un mar de luces, una ciudad que en ocasiones les da la espalda sin reconocer todo lo que allí se gesta, porque El Faro es fuente inagotable del saber comunitario, con caminos llenos de significado e historia, gracias a sus líderes sociales y a los jóvenes que se unen para fortalecer comunidad.


Fuente: Revista ¿Qué Pasa? – Edición 29 / Memorias barriales

Por: Yazmín Rodríguez

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