10 años | Para refugiarse


Para aprender

¿Lobo está? Las niñas y los niños juegan. No siempre en el bosque, aunque en Moravia hay uno. Arman construcciones en las aceras con hojas, piedras y muñequitos. Patean balones en las terrazas. Intercambian tesoros encontrados en paseos. Imitan gestos, combinan ropa para diferenciarse o encontrarse. Son amigos de los gusanos y de los elásticos. La lluvia es un juego que llega de sorpresa, y los días de sol-son para rodar cuesta abajo en piscinas de jabón. Un día trepan árboles. Otro, paredes de ladrillos color salmón(a). Tienen el poder de acercarse con sigilo y alejarse retumbando los suelos en segundos.

Hay días que las niñas y los niños no juegan, ni aprenden. Lo olvidan. No hay nadie que se los recuerde. Pero después llega el lobo y abre su bocota mostrando los dientes. Y las niñas y los niños se ríen. –¡Es un disfraz! –gritan. Todos saben que en la casa del patio grande con carpa de colores los lobos  también son niños.

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