10 años | Para jugar

Para jugar

Nos encontramos entre especies. Nos observamos en la naturaleza, exploramos las características particulares y comunes. Identificamos un lenguaje alterno en el otro, animal, planta, bacteria. Y tratamos de comprenderlo, a través de los sonidos, las imágenes, los movimientos, los gestos.  En el juego hay una serie de condicionales. Participar significa aceptarlos. A veces entramos a jugar sin conocerlos bien. No todos los juegos exponen sus condiciones completas. Algunas se ocultan, otras se descubren jugando. Pero la curiosidad es un pulso que nos avienta hacia lo desconocido. Y es que “no saber” es parte esencial del juego. La incertidumbre es un móvil para el aprendizaje. Así como lo es la prospectiva de que una acción realizada desencadenará otra, por experiencia previa.

No obstante, en el caso de los seres humanos, hay un momento del juego que hace surgir una estela de preguntas.  Desde la cultura, que es diversa, los seres humanos tomamos decisiones sobre la manera de relacionarnos, algunas más conscientes que otras. ¿Es acaso una relación competitiva, parásita, depredadora?, ¿es neutral?, ¿cooperativa o mutualista?

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